Salmo 23: «El Señor es mi pastor» (texto completo y significado)

El Salmo 23 es, seguramente, el pasaje más querido de toda la Biblia. En seis versículos, el rey David describe a Dios como el pastor que cuida de los suyos y los acompaña incluso cuando todo se pone oscuro. De ahí que «El Señor es mi pastor» se lea en tantos funerales, en noches de insomnio y en cualquier momento en que uno necesita recordar que no está solo. Aquí lo tienes entero en la Reina-Valera 1960, con su explicación versículo a versículo y una idea de cuándo conviene rezarlo.

Salmo 23 completo (Reina-Valera 1960)

Esta es la versión más leída en español, la Reina-Valera 1960. Te la dejamos completa, para leerla con calma o compartirla con quien la necesite:

Salmo de David.
1 Jehová es mi pastor; nada me faltará.
2 En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
3 Confortará mi alma;
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
4 Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
5 Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

Salmo 23 (Reina-Valera 1960)

Versión católica del Salmo 23 (Salmo 22)

Si buscas este salmo en una Biblia católica, lo encontrarás con otro número: aparece como Salmo 22. No es un error. Las biblias católicas siguen la numeración de la versión griega (la Septuaginta) y de la Vulgata latina, mientras que las protestantes, como la Reina-Valera, siguen la del texto hebreo. El mensaje es el mismo; solo cambian pequeños matices de traducción. Esta es una versión católica habitual (Biblia de Jerusalén):

1 Salmo de David.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
2 Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
3 y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
4 Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
5 Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa.
6 Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor por muy largo tiempo.

Salmo 22 (23), Biblia de Jerusalén

Significado del Salmo 23, versículo a versículo

El salmo se sostiene sobre dos imágenes muy concretas: Dios como pastor que conduce a su rebaño (versículos 1 al 4) y Dios como anfitrión que prepara un banquete para su invitado (versículos 5 y 6). Vamos despacio, verso a verso.

«Jehová es mi pastor; nada me faltará» (v. 1)

David fue pastor antes que rey, así que sabía bien de qué hablaba. Cuando llama a Dios «mi pastor» no está buscando una imagen bonita: está diciendo que hay alguien que responde por él y que no le quita ojo. Ahí se apoya todo lo que viene después. «Nada me faltará» no es la promesa de una vida sin problemas; es la certeza de que, con ese pastor delante, lo de verdad importante no va a faltarte.

«En lugares de delicados pastos me hará descansar» (vv. 2-3)

Los pastos verdes y las «aguas de reposo» hablan del cuidado de Dios en lo cotidiano: descanso y calma cuando uno va con prisa. Y «confortará mi alma» apunta a algo más hondo, a una restauración por dentro, esa que hace falta cuando te has quedado sin fuerzas. El pastor no se limita a mover al rebaño de un sitio a otro; lo cuida cuando llega cansado y lo lleva «por sendas de justicia», es decir, por el camino bueno y no por el más cómodo.

«Aunque ande en valle de sombra de muerte» (v. 4)

Aquí el tono cambia. El salmista no promete librarse de los valles oscuros; dice que los va a cruzar sin miedo, y da el motivo: «porque tú estarás conmigo». La vara y el cayado eran las dos herramientas del pastor, una para defender al rebaño y otra para rescatar a la oveja que se despeñaba. Quizá por eso este versículo es el que más se repite en los hospitales y en las despedidas.

«Aderezas mesa delante de mí» (v. 5)

Cambia la imagen: ahora Dios es el anfitrión que prepara la mesa «en presencia de mis angustiadores». Fíjate en el detalle, porque importa: la protección no llega cuando los problemas se han ido, sino estando ellos delante. Ungir la cabeza con aceite y llenar la copa hasta rebosar eran gestos de hospitalidad y de honra al invitado. Hay abundancia, sí, pero sobre todo hay dignidad en medio de la adversidad.

«El bien y la misericordia me seguirán» (v. 6)

El salmo cierra mirando hacia adelante. «El bien y la misericordia» ya no son algo que el creyente persigue: ahora le siguen «todos los días» de su vida, como dos compañeros que no se despegan. Y la meta queda clara: «en la casa de Jehová moraré por largos días», esa cercanía con Dios que no se acaba. Empezó hablando de pastos y termina hablando de casa.

¿Qué nos enseña el Salmo 23?

Por encima de lo bonito que suena, el Salmo 23 insiste en una sola cosa: la confianza. No te asegura una vida sin valles oscuros; te asegura que no los vas a cruzar solo. Para quien está pasando un duelo o una mala racha de ansiedad, ese matiz lo cambia todo. No le pide fingir que no tiene miedo, solo le promete que no lo vivirá a solas.

La figura del pastor recorre toda la Biblia y desemboca en el Nuevo Testamento. Jesús la recoge cuando dice: «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas» (Juan 10:11). Para un lector cristiano, ese vínculo le da al Salmo 23 una segunda lectura: el pastor que cuida y guía es el mismo Cristo que entrega su vida por el rebaño.

¿Cuándo se reza el Salmo 23?

Hay tres momentos en los que este salmo vuelve una y otra vez:

  • En funerales y despedidas. El versículo del «valle de sombra de muerte» consuela ante la pérdida sin negar el dolor. Es, junto a otros textos bíblicos para cuando alguien fallece, una de las lecturas más habituales en velatorios y misas de difuntos. Si te toca preparar una despedida, te puede servir esta recopilación de sermones para una homilía de funeral.
  • En las temporadas duras. Cuando aprietan la enfermedad, el miedo o las noches sin dormir, mucha gente lo recita de memoria porque ya se lo sabe.
  • En la oración diaria. Es corto y sereno, así que sienta bien tanto al empezar el día como al cerrarlo.

Una Biblia Reina-Valera 1960 para tenerlo siempre cerca

Si quieres leer el Salmo 23 en su contexto y seguir descubriendo los demás salmos, ayuda tener a mano una buena edición de la Biblia Reina-Valera 1960. Esta es una de las más valoradas:

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Preguntas frecuentes sobre el Salmo 23

¿Quién escribió el Salmo 23?

La tradición lo atribuye al rey David, que de joven fue pastor de ovejas. El propio encabezado del salmo dice «Salmo de David», y esa experiencia con el rebaño explica la imagen central del texto.

¿Qué significa «El Señor es mi pastor»?

Que Dios cuida y guía a los suyos como un pastor a su rebaño. De ahí nace la confianza de «nada me faltará»: con ese pastor delante, lo esencial nunca falta, aunque la vida traiga dificultades.

¿Qué es el «valle de sombra de muerte»?

Es una imagen de los momentos más oscuros y temibles de la vida: la enfermedad, el peligro o el duelo. El salmo no promete evitarlos; promete cruzarlos sin miedo porque Dios va contigo.

¿Por qué se lee el Salmo 23 en los funerales?

Porque consuela ante la muerte sin negar el dolor: habla de un Dios que acompaña en el «valle de sombra de muerte» y de morar «en la casa de Jehová». Es una de las lecturas más frecuentes en velatorios y misas de difuntos.

¿Por qué en las biblias católicas es el Salmo 22?

Porque las biblias católicas siguen la numeración de la Septuaginta griega y la Vulgata latina, distinta de la del texto hebreo que usan las biblias protestantes. El contenido es el mismo; solo cambia el número y algún matiz de traducción.

¿Qué relación tiene el Salmo 23 con Jesús?

En el Evangelio de Juan, Jesús se presenta como «el buen pastor» que da su vida por las ovejas (Juan 10:11). Para un lector cristiano, esa imagen conecta directamente con el pastor del Salmo 23.

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